Los bosquimanos son uno de los pueblos ancestrales más legendarios de la historia de la humanidad. ya sea desde una perspectiva científica —se les ha descrito como una especie de «Adán genético» que contiene la herencia genética del resto de las razas humanas— o antropológica —su insistente rechazo al progreso y su férreo apego a sus tradiciones de sociedad cazadora-recolectora han despertado gran interés y azoro—, los relatos y estudios sobre esta tribu única generan fascinación entre quienes tienen la oportunidad de saber acerca de su existencia. El mismo Elias Canetti leyó carias veces con voracidad Especimenes de folclore bosquimano, y lo consideraba el libro más importante que jamás hubiera conocido.
Este libro contiene leyendas y relatos que conforman la mítica cosmogonía de esta sociedad, contada de viva voz por sus propios miembros. En un estilo que refleja la tradición oral a la que corresponden sus historias, los bosquimanos narraron sus leyendas relativas a su deidad principal, el Mantis, a su relación con el entorno y los animales, y a algunos rasgos de la convivencia al interior de sus sociedades. Es producto de una investigación llevada a cabo en la segunda mitad del siglo XIX por el lingüista W.H.I. Bleek, que convenció a las autoridades sudafricanas de que liberaran a algunos bosquimanos presos a cambio de que realizaran labores domésticas en su hogar. En vez de ponerlos a trabajar, aprovechó la oportunidad para descifrar y aprender su lenguaje y así fue como pudo recopilar las fantásticas historias bosquimanos. Murió antes de ver su esfuerzo publicado, pero su cuñada Lucy C. Lloyd retomó la labor y logró culminar la obra a la que Bleek dedicó buena parte de su vida.
Este libro obra en mi poder desde 1944, hace dieciséis años. Con frecuencia he llegado a pensar que es el libro más importante entre todos los que conozco. Elias Canetti
W.H.I. BLEEK (Berlín, 1827) fue un lingüista y antropólogo alemán. Tras doctorarse en lingüística en la Universidad de Bonn en 1851, se interesó en el estudio de las lenguas africanas. Viajó a Ciudad del Cabo en 1856, donde entró en contacto con los bosquimanos, de quienes aprendió su lengua y registró sus relatos.
Murió en Mowbray en 1875.